La dieta del ser tú mismo

propósitos año nuevo

*Play it Loud!

Con el año nuevo aparecen algunos clásicos de los que casi nadie logra salvarse, como la cuesta de enero y los propósitos de año nuevo. Es como si, después de dos semanas en las que todo debiera ser paz y amor (y aún nos quedan los Reyes Magos, ojo), al doblar la esquina nos encontrásemos con el hombre del látigo, que nos castiga por haber intentado tener un poquito de diversión. “Apriétense los cinturones”, “póngase a dieta”, “vayan al gimnasio”,”sean mejores personas”, “aprendan un idioma”. La lista es larga y suele llenarse de puntos que lejos de producirnos felicidad, acaban causando mucha frustración cuando, al cabo de un par de meses, nos damos cuenta de que por el camino que vamos, no parece que vayamos a conseguir ninguno. Otra vez.

Y eso nos pasa por escuchar demasiado las voces que vienen del exterior y muy poco a nosotros mismos. ¿Cuántos de esos propósitos, que año tras año ocupan los primeros puestos de nuestra lista, queremos realmente cumplir? Yo diría que si llevan ahí más de un par de añitos, igual les tenemos que dar alguna vuelta. Y no quiero decir que no sean importantes y que se les deba dar una patada sin más, pero podemos tratar de cambiarles la etiqueta. E intentar, por ejemplo, llenar la lista de propósitos de año nuevo con cosas pequeñas que disfrutemos y sean fáciles de conseguir: ver una película en el que, para mí, es el mejor cine del mundo, el sofá de casa; empezar una serie nueva; salir a pasear; quedar con amigos; leer un buen libro.

Hablo por mí misma, claro está, pero creo que ya nos lo están haciendo pasar mal en muchos ámbitos que están fuera de nuestro alcance (y entendimiento) como para que encima yo tenga que estar echándome sobre la espalda la carga de fracasar por enésima vez en la misión de apuntarme al gimnasio. Puede que el botón de los pantalones no me cierre como lo hacía hace un mes, cierto, pero tampoco tengo la intención de seguir comiendo turrones y mantecados hasta las próximas Navidades, así que ya volverá a cerrar. No es necesario echarle la bronca a mi yo del espejo ni caer en dietas absurdas sin pararnos si quiera a pensar si le hacemos algún bien a nuestra salud (que eso sí que importa).

Y la cuesta de enero, a subirla despacito y, a poder ser, en compañía, que siempre es más llevadero. Se acabó la temporada de amigos invisibles y visitas al toysarás, de comidas de empresa, de amigos del colegio y de primos lejanos. Toca tomárselo con calma y no volverse loco con las rebajas. Y, sobre todo, pasar tiempo con nosotros mismos. Darnos la oportunidad de decidir qué nos gustaría conseguir, pero de verdad. Seguramente no será fácil, o sí, pero nadie tiene que decirnos para cuándo tiene que estar listo. Que para llegar a la meta, tenemos que andar el camino y esa, puede ser la mejor parte.

¡Sed buenos, que los Reyes Magos están de camino!

fin post-

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