Esto sí es Navidad

Regalos Navidad

*Play it Loud!

Hoy comienzan oficialmente mis vacaciones y me marcho al pueblo a celebrarlas. Hacía ya varios años que no descansaba unos cuantos días del tirón en épocas navideñas y era como, si por eso, la Navidad pareciese serlo menos. Creo que la niña que vive en mí sigue relacionando estas fechas con esas buenas semanas de tiempo libre, de preocupaciones inexistentes, de horas de sueño recuperadas (y ganadas), de tardes de estufa y mesa camilla y películas ñoñas en las que Papá Noel fabrica milagros. Por eso este año no he dejado que se me escapen y me voy pitando a los brazos de mi madre, que ella aún sabe cómo hacerme sentir niña y ahuyentar un poco a los fantasmas de la rutina.

Tengo ganas del frío ese que me hace maldecir, de empacharme a base de hojaldrinas y turrones varios, de la cena de Nochebuena, que siempre acaba siendo el menú de los días posteriores. También de ver a mis padres y a mis hermanos, aunque este año al peque lo tengo por tierras escocesas, alimentando a los guiris con su buena cocina. Los reencuentros con los amigos de la adolescencia. Los paseos por la Calle de la Bola, con los villancicos del año 10 aún sonando por los altavoces. Son esas cosas que consiguen que dé igual que los años pasen, porque te siguen transportando a ese instante fuera del tiempo en el que cada vez se arremolinan más recuerdos, pero en el que siempre hay espacio para más.

Este año, como no podía ser menos, mis navidades son hechas a mano con mucho amor del bueno, así que tengo algunas cositas guardadas en la recámara con unas ganas locas de salir a la luz, pero su categoría de regalos que no pueden ser entregados antes de Navidad, como bien manda la tradición, me hace imposible poder enseñarlas aún.

Yo, mientras tanto, y si a vosotros os apetece, os seguiré ilustrando un poquito la Navidad. Porque estar de vacaciones sirve para hacer cosas con las que disfrutas, y yo disfruto con esto. Así que hoy me visto de gala y brindo porque tengáis una Nochebuena espectacular, con empachos, borracheras y exaltaciones de amor, que el 25 es festivo y a las resacas todos tenemos derecho.

¡Felices Fiestas!

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Así cosía, así, así…

*Play it Loud!

Este fin de semana estuve en el pueblo. Es algo que necesito hacer cada cierto tiempo. Yo, que a mis 16 años vociferaba delante de mis padres que jamás volvería a pisar aquello una vez saliese de allí para ir a la universidad. Por alguna razón mi yo adolescente odió el lugar en el que crecí, de esa misma forma en que se odia a los adultos más queridos cuando sientes que es el momento idóneo para comerte el mundo y ves cómo ellos te cortan las alas (que, entre nosotros, menos mal que lo hicieron, porque nuestra forma de querer volar es a veces aún más temeraria que la del propio Ícaro).

Afortunadamente, la edad del pavo tiene fecha de caducidad y hacerse adulto implica, por más que hayamos jurado y perjurado que nunca jamás sería así, empezar a entender a nuestros padres y hasta sorprendernos diciendo algunas de las frases que nos hacían revolver las entrañas (y eso que yo aún no tengo hijos, que el día que eso llegue, miedo me da).

En fin, a lo que íbamos, que me pierdo. Ahora me encanta subir al pueblo de vez en cuando y pasar un fin de semana enterito con mi madre, haciendo cosas de chicas. Paseos, alguna que otra compra (vigilando los euros, que no abundan), cañas, tapas y largas charlas, sobre nosotras y los demás, sobre todo y sobre nada, pero de las de no parar. Y con esto del nacimiento y desarrollo de mi espíritu crafter, no he podido evitar involucrar a mi madre, pero es que quién mejor que una madre puede ayudarme a aprender nuevas técnicas como… ¡coser a máquina!

Pues sí, este fin de semana planté, por primera vez, mi pie en el pedal de esa máquina del demonio que yo maldecía de niña porque no me dejaba escuchar lo que echaban en la tele mientras mi madre cosía. Y ahora, ya ves, que hasta me agrada su traqueteo. La cosa es que me pareció mucho más sencillo de lo que originalmente pensé que sería. Y ¿qué fue lo que me dio por coser? Pues unos cojines con unas telas preciosísimas que compré, cuando pasé por el DIY Show, en el stand de How Nice Project (muy buen sitio para regalos con espíritu handmade).

Como eran dos cojines y mi destreza con el hilo y la aguja está aún por demostrar, mi madre se encargó de uno y yo seguí paso a paso las instrucciones con el segundo. Y, oye, que te enseño los dos y no sabes decir cuál es el de la novata.

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¿Qué os parece el resultado? Yo estoy tan contenta, que la máquina de coser ha pasado a formar parte de mi wishlist para el 2014. Y estos cojines, parte importante de mi sofá y objetivo número uno de muchas siestas futuras.

Disfruten de este lunes disfrazado de martes, que ¡el juernes ya está ahí!

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Mamá, eres Casa

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*Play it loud!

Hoy es un día de esos importantes, de los que marcas con una X en el calendario y fijas con alarma en el móvil, aunque no la necesites para acordarte. Y es que hoy, amigos, cumple años la mujer más fantástica de mi planeta Tierra. Mi madre.

Felicidades, mamá, hoy esto va por ti.

GRACIAS

Puede que no te lo diga con mucha frecuencia, pero podría repetir esta palabra hasta la saciedad y aún así, nunca sería suficiente para expresar cuánto. Gracias por tanto en tantos años. Por mimarnos sin malcriarnos y saber enseñarnos a darle valor a las cosas, a luchar por ellas. Por regalarnos una infancia feliz pese a unos tiempos muy difíciles. Porque al echar la vista atrás recuerdo risas, juegos, tardes en la plazoleta, noches de verano, farolillos de feria, ropa rosa, zapatos de charol, fiestas de fin de curso y cumpleaños con Coca Cola, medias noches y Teresa Rabal. Gracias por aguantar mi adolescencia rebelde, mis ganas precoces de ser mayor, mis delirios como futura esposa de Ricky Martin, mi estilismo absurdo a la moda juvenil, mi creerme adulta en mi primer año de universidad. Gracias por apoyarme en las decisiones importantes y sobre todo por permitir que fuese yo quien las tomara, sabiendo que siempre has estado ahí, dispuesta a cogerme si caía. Gracias por dejarme compartir confidencias y convertirte en mi amiga. Por los sábados de rebajas y los domingos de zoco. Por las ferias, las cañas y las tapas. Por las charlas de WhatsApp y las fotos de cada nueva receta. Por ser el primer “me gusta” de mis publicaciones en Facebook y mi fan número uno en este mini-proyecto bloggeril.

Tú eres Casa. Ese lugar seguro donde nadie puede hacerte daño. Igual que esa casilla del parchís donde ninguna otra ficha puede comerte, pero sin tener que jugar a los dados para llegar a ella. Aquí no tengo que contar números, porque aquí, cuento contigo.

¡Te quiero, mamá!

fin post-