Música y letras ilustradas

Lost Stars (BSO Begin Again) - Adam Levine

#PlayItLoud!

Creo que ha nacido una nueva sección, que llamaríamos de forma parecida al título de este post. Y es que a veces, cuando sólo quiero dejarme llevar sin pensar demasiado, me abstraigo del mundo ilustrando frases que normalmente salen de canciones, como os contaba hace sólo un par de semanas aquí. Escribir y garabatear sin miedo, sin que nada tenga que ser demasiado perfecto y sin que necesariamente deba tener sentido. A veces una hasta queda satisfecha con el resultado.

La frase que he elegido hoy es de la canción Lost Stars, de Adam Levine, a quien quizás conozcáis más por ser el cantante de la banda Maroon 5, y no, no es que sea yo fan de este grupo, sino que el tema forma parte de la banda sonora de la peli Begin Again, que hace pocos días se convirtió en la estrella del combo “sofá-manta-peli” de la semana. No sé que opinión os merecerá a quienes la habéis visto o a quienes estáis por verla, pero desde mi papel de crítica inexperta que se deja llevar más por los sentimientos que por cualquier otro aspecto técnico del mundo del cine, os digo que a mí me encantó.

Begin Again es de esas películas que te deja buen sabor de boca, que te hace sonreír mientras la ves y desear que no llegue nunca al final (o al menos que dure un ratito más). Puede dar corajillo, de primeras, que la señorita Keyra Knightley, tan mona ella, además de actuar, sepa cantar de maravilla (cuando una lo hace tan mal…), pero es que la peli, musicalmente hablando, se la lleva ella. De hecho me quedo sin ninguna duda con su versión de la canción de hoy, que llevo escuchando en modo bucle desde que vimos la película (hoy sí que tenéis que darle al play).

Como yo soy anti-espoilers, nos os voy a contar ni un poquitín de su argumento, que mola más verla sin saber de qué va la historia. Pero si no tenéis muchos planes para el fin de semana y descansar forma parte los pocos que podáis haber hecho, he aquí mi recomendación. Ya me contaréis qué os parece cuándo la veáis.

¡Feliz viernes!

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Saltar en los charcos

Saltar en los charcos#PlayItLoud!

Olvídate de cuántos años has cumplido, olvídate de todos los trabajos que has tenido, olvídate de la crisis, olvídate del dinero, olvídate de todo lo material, olvídate del gobierno, olvídate de los titulares de los periódicos, olvídate de las broncas serias, olvídate de las tontas, olvídate de todas las personas que te han hecho mal, olvídate del qué dirán, olvídate de lo que se espera de ti. Olvídate de todo por un rato. De todo, menos de ti. Piensa en ti, piensa en lo que te gusta, piensa en lo que te hace disfrutar, piensa en lo que quieres ser, piensa en lo que te gusta hacer, piensa en lo que te hace sonreír, reír, explotar a carcajadas, llorar de alegría, piensa en lo que te hace soñar. Ahora hazlo. Hazlo aunque sólo sea durante un día, aunque sólo sea durante unas horas. Hazlo y sonríe, hazlo y sueña, hazlo y ríe, hazlo y llora.

Hace ya unos cuantos años que corren malos tiempos, pero por más cosas que quieran arrebatarnos, existe una riqueza que el dinero no puede comprar, y de esa tenemos una fortuna, pero ocurre que, con frecuencia, nos olvidamos de disfrutarla. Y es nuestra, nuestra y de nadie más, carece de intereses y de comisiones, pero reporta múltiples beneficios. Además, podemos hacer uso de ella cómo, cuándo y con quién queramos, sin recibos ni retenciones, sin nada que declarar.

Pasad un gran fin de semana, sed muy ricos y, si el tiempo lo permite, bailad bajo la lluvia y saltad en los charcos (y dadle al play).

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La vuelta al cole

vuelta al cole

#PlayItLoud!

La ilustración que os enseño hoy forma parte de un trabajo muy especial que hice para Julia, una futura maestra maravillosa, que quiso contar conmigo para un muy importante proyecto profesional. Tenía muchas ganas de enseñarla, pero debimos esperar una serie de plazos en su momento y, por mi parte, encontrar la ocasión oportuna para hacerlo.

No, aunque suene misterioso, no escondo ningún secreto detrás de mi última frase. Pero ya sabéis que a mí me gusta aderezar mis creaciones con algunas pinceladas de mis historias, recuerdos y movidas mentales varias (algunos, a estas alturas, ya os habréis acostumbrado). Así que, ¿qué mejor momento que septiembre y la vuelta al cole para compartir este dibujo con vosotros?

Y es que la vuelta al cole es probablemente una de las cosas que más echo de menos de mis años “pre-adultos”. Ese momento en que las eternas (que nunca volverán a serlo tanto) vacaciones de verano terminaban y volvías a encontrarte con todos tus amigos, sobre todo con los que no habías podido ver desde el final del curso anterior. Aquellas escapadas a la librería-papelería del barrio, cuando todos los libros y libretas olían a nuevo y le pedías a tu madre que por favor te comprara bolis de todos los colores y aquel estuche tan bonito donde poder guardarlos. Elegir una mochila nueva, forrar los libros, escribir los nombres de las asignaturas en los cuadernos, copiar el horario, pasar a limpio los apuntes (de esto último me cansaba yo pronto). Hasta madrugar tenía su punto de emoción aquellos primeros días del curso. Hasta que te mandaran deberes te arrancaba una sonrisa…

Creo que da igual cuantos años pasen, siempre me asaltará ese pellizquito de nostalgia cuando se hable de la vuelta al cole, siempre recordaré un buen puñado de historias infantiles, de travesuras y juegos en el recreo (y en las aulas). Los motes de los profesores, los deberes copiados en los cambios de clase, el miedo por salir a la pizarra, las excursiones y las fiestas de fin de curso, entre otras muchas cosas.

Como recordar historias de colegio podría no tener fin, paro aquí. No sin antes invitaros a compartir conmigo algunos de esos recuerdos de cuando éramos “chicos” (me encantará leerlos) y no sin antes, por supuesto, darle las gracias a Julia por su confianza y por dejarme compartir su dibujo. Toda la suerte del mundo con todo, te la mereces.

Que paséis un fin de semana genial. Os leo el lunes :)

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Encajando piezas

Lámina Tetris#PlayItLoud!

Hoy cierro mi semana de retroláminas, como he decidido llamar a los tres últimos posts (por si os lo habéis perdido, el trío lo completan un par de zapatillas Converse y la fantástica Game Boy), con otro gran clásico de ayer, de hoy y de siempre: el Tetris.

Creo que mi reforma made in Ikea de esta semana me ha afectado un poco, y mi cabeza me hace ver el mundo dividido en piezas. Pero es que, y aquí me pongo un poco profunda, ¿qué es la vida si no un buen puñado de piezas que nos vienen de quién sabe donde y nos obligan a adquirir la destreza de ser capaces de combinarlas, encajarlas y tratar de llenar todos los huecos posibles sin que se acabe la pantalla?. Así es, la vida es un Tetris, amigos, y todos la afrontamos deseando que caiga la pieza del palito, esa que encaja a la perfección y acaba con cargas pesadas, muy pesadas.

A veces esa pieza es el amor, otras el trabajo, otras los amigos o, por qué no, un buen pellizquito en la lotería (lo cual me recuerda que si no juego, no sé cómo espero poder ganar algo…). Pero, aún así, no se trata de sentarse a esperar que aparezca el dichoso palo, ya que si no combinamos las piezas con las que contamos de la mejor de las maneras, de poco nos servirá este.

Y con toda esta metáfora vital en mi cabecita loca, os enseño la lámina de hoy. Un mensaje especial para ese alguien muy especial que hace que la vida sea más fácil. Como una maquinaria bien engrasada que nos ayuda a combinar el resto de las piezas sin que resulte una tarea tan pesada.

Que paséis un fin de semana genial y la vida os regale buenas piezas a puñaos :)

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Aquellos maravillosos años… noventa

Nintendo GameBoy#PlayItLoud!

No, no me ha poseído el espíritu del Fary, ni me ha dado por escuchar aquella canción del grupo malagueño Los Caracoles, de título “Eres un fenómeno”. Ni siquiera sé si quienes me leéis identificáis alguna de estas dos cosas que acabo de mencionar. Lo que me ha invadido es un recuerdo infantil, como esos con los que los chicos de Yo fui a EGB nos arrancan sonrisas a los que, efectivamente, hicimos la EGB.

Para quienes nacimos entrados los ochenta y fuimos niños en los noventa, la Game Boy de Nintendo era lo más de lo más. Aquella video-consola portátil con unos supergráficos en gris-negro y verde, cuya resolución jamás habíamos visto hasta la fecha, y que se convirtió en uno de los objetos más cotizados por cualquier amante de los video-juegos. Nosotros tuvimos una, e imaginad lo que suponía compartirla entre tres, peleas y trampas para ver quién se hacía antes con ella o disfrutaba más de lo acordado de la misma.

De todos, todos, mi juego favorito fue Súper Mario Land 2, incluso conseguí pasármelo en más de una ocasión. También me acuerdo de aquellos cartuchos multijuegos (algo piratillas) que a veces hacían que el cacharro se quedase bloqueado y chupaban pilas a la velocidad de la luz. Y qué decir de los dedos pulgares, que casi perdían el rastro de las huellas dactilares a base de apretar los botones de la consola durante horas y horas…

Y de toda esta nostalgia surge la lámina de hoy. Porque yo, además de muy fan de esta gran mini-consola, he sido siempre una devoradora-analista de anuncios de la tele y allá por los noventa, cuando os contaba yo que la Game Boy era lo más de lo más, el anuncio con el que nos vendían lo súper cool (concepto aún desconocido por aquella época) que era tener una era éste, y su eslogan “Eres un fenómeno”.

Así que mi pregunta, antes de despedirme, es: ¿algún otro nostálgico en la sala?

Que paséis un gran día.

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Mis obsesiones

converse lovers#PlayItLoud!

Me temo que hoy no voy a enrollarme mucho, que no sé si es una buena o una mala cosa. Ando de descanso en el pueblito bueno, cambiando de aires y pasando unos días bonitos en familia, de esos que cada vez se hacen más necesarios y de los que aprendes a disfrutar como no lo hacías en aquella larga edad del pavo. Por aquí estamos de feria, como ya os conté en el post del calendario, pero yo, que estoy poco jaranera este año, me reservaré para dar un paseo mañana sábado con los míos. Cañas, terrazas y risas, pero con calma (quién me ha visto y quién me ve…).

Lo que no descansa es el espíritu creativo. Desde que hace varios días dibujé un par de zapatillas Converse, para añadirlas a la lista de las cosas que me hacen feliz cuando llega el otoño, venía pensando en crear algo que las convirtiera en protagonista absoluta de la obra. Y qué mejor que una lámina con mensaje, de esas que quieres ir corriendo a imprimir para colgarlas en la pared (podéis ver otras de las que he hecho este verano aquí y aquí – está permitido hacerte un poquitín de autobombo en tu propio blog, ¿verdad?).

Así que con esto inauguro hoy mi apartado de “obsesiones materiales”. No sé si tendrá continuidad ni cuando será la próxima entrega, pero llegará, estoy segura.

Y vosotros, ¿me contáis alguna obsesión material que tengáis?

Disfrutad del fin de semana y os espero el lunes :)

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Café, por favor…

Monday I'm in love#PlayItLoud!

Pocas cosas van mejor con el café que un lunes por la mañana, de eso no tengo ninguna duda. Quizás en agosto no haga falta cargarlo tanto, pero aún así, un madrugón es un madrugón, por muchos chapuzones y baños de sol que podamos darnos en nuestros ratos libres.

Me encanta el café (eso sí, bien hecho, que los hay que sólo consiguen que sepan a rayos…), aunque no tenga más efecto en mí que el de placebo que mi cabeza le atribuye (de esto ya os hablé en aquellas 50 cosas sobre mí). No recuerdo a qué edad me tomé mi primer café, pero sí como descubrí que me gustaba negro, bien cargado y sin azúcar. Y es que mi preciosa abuelita, en los veranos y fines de semana que me escapaba al pueblo de mi padre, solía tenérmelo listo por las mañanas, antes de bajar el último escalón con las legañas aún pegadas. Y lo odiaba. Apenas era capaz de darle un par de buches y tenía que tirarlo por el fregadero cuando la pobre mía no miraba.

¿El problema? No su café, que era delicioso, sino el hecho de que medio vaso era leche y llevaba al menos tres o cuatro cucharadas de azúcar. Desde ese momento, fui reduciendo progresivamente la cantidad de ambos ingredientes, hasta que me di cuenta de que a mí aquello sólo me gustaba tal y como salía de la cafetera, y cuanto más fuerte, mejor.
Monday's coffee

Creo que me convertí en adicta cuando me fui a vivir a Londres (hace ya diez años de aquello, madre…), y trabajé unos nueve meses en una cadena de cafeterías llamada Caffè Nero, donde me enseñaron a preparar el auténtico espresso italiano (como una bala hacía yo los cafés). Allí investigué hasta dar con la dosis que creí me hacía algo de efecto: un café pequeño con unos dos o tres shots de espresso, y bien podían caer unos cuatro o cinco al día, sin exagerar (y sin problemas para dormir, oigan). Eso sí, de esta forma me convertí en la anti-clienta de lugares como Sturbucks y similares, y es que yo al café ni helado, ni banana, ni caramelo, ni nada de nada. Tal cual, y si hace calor, un solo con hielo.

Últimamente he descubierto que mi favorito es el de cafetera de toda la vida (que no entiendo yo por qué razón me ha dado siempre tanta pereza) y me encanta ponerla al fuego y esperar a que el café suba, escuchar cómo ruge, ver salir el humo y llenarme los pulmones con ese olor a despertar, que hace que las mañanas huelan mejor y las tareas del día a día pesen un poco menos. Es magia.

Morning coffeeEmpezaba yo diciendo que nada le va mejor a un lunes que un café, así que, para quienes compartís este sentimiento, os dejo estas tres ilustraciones descargables a golpe de clic, que podéis usar como fondo de pantalla o, simplemente, imprimirlas y pegarlas en vuestro escritorio con una chispa de celo (o de washitape si queréis ser más exquisitos). No hay más que pinchar sobre la imagen para acceder a ella en su tamaño real. Espero que os gusten.

¿Qué? ¿Apetece un café?

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Frida Kahlo: Viva la vida

Frida Kahlo_#PlayItLoud!

Cuando os dije el lunes que agosto sería un mes muy ilustrado, no os mentía. Ando cogiéndole el gusto a esto de crear láminas de grandes personajes y mensajes positivos que nos guiñen un ojo y nos hagan ver que hay un montón de cosas buenas en nuestras vidas.

Llevaba unos días topándome casi a diario con algo que tuviera que ver con la gran Frida Kahlo. Fotos, citas en Pinterest, muñecos de tela, preciosos amigurumis (éste de Kraft Croch no puede ser más bonito), así que pensé que sería divertido caricaturizarla al estilo Craft&Music (claro que, en este caso concreto, prescindir de las cejas, como hago normalmente, no era posible, se entiende…) y crear una lámina con una de sus grandiosas frases, que no fueron pocas.

Aún a riesgo de haber elegido la más famosa y trillada de sus geniales citas, este Pies, para qué los quiero, si tengo alas para volar’  me parece tan cargado de fuerza y significado, que no he podido resistirme a que forme parte de la ilustración. Personalmente, me invita a pensar que por más obstáculos que encontremos en el camino, si buscamos bien, siempre podremos encontrar la forma de superarlos. Esto es, en parte, lo que me inspira la singular historia de Frida Kahlo, una vida plagada de serias dificultades, que ella decidió vivir con pasión, pese al sufrimiento que siempre la atormentó y que, sin embargo, no la anuló en la lucha, el amor y la fuerza con la que plasmó su vida y sus sentimientos a través de la pintura.

En 1954, pocos días antes de morir, Frida añadió a una de sus pinturas, un bodegón de sandías, la frase “Viva la vida”, que acabó dando nombre a dicha obra y se intuye pudo escribir a modo de despedida.

Por eso, desde aquí, hoy quiero rendir este pequeñín y modesto homenaje a una leyenda del arte, a su vida y a su obra, y quién mejor para cantar su banda sonora que la grandísima Chavela Vargas, que además apareció en la película ‘Frida’, protagonizada por Salma Hayek, interpretando ‘La Llorona’, como sólo ella sabía hacerlo. Para ella el #PlayItLoud del viernes.

¡Feliz fin de semana!

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Desastres maravillosos

glorious mess

#PlayItLoud!

Hay algo que me repito con cierta frecuencia: soy un desastre. A veces creo que me lo digo más veces de lo que debiera, y el problema es que suelo hacerlo en modo regañina. ‘Se me ha olvidado aquello que iba a traerte, ¡soy un desastre!’. ‘Se me han quemado las croquetas, ¡soy un desastre!’. ‘La inspiración no acude a mí, ¡soy un desastre!’. Está la versión calma y la versión berrinche soy un desastre-conlágrimasymocos (esta última no siempre tiene que estar fundamentada, sería algo así como lo que explica la gran Agustina Guerrero en esta tira. Confesadme que no soy la única que se ha visto en una muchas de éstas).

En mi opinión, aquí hay un problema de base, que consiste en esa gran mentira que nos meten a diario en la cabeza de que tenemos que ser perfectas y todo tiene que salirnos a pedir de boca. Lo vemos en la tele, en las revistas, en las películas y en las series. La mujer de la vida moderna tiene que aspirar a ser una superwoman que va siempre bien peinada, trabaja dentro y fuera de casa, organiza su tiempo a las mil maravillas, es eficaz, resolutiva y hace deporte (y ya no me meto en el tema de los niños porque aún no soy madre y pecaría de desconocimiento – para esto mejor pasar por el Club de las malasmadres, donde he oído que lo explican muy bien). Y lo peor de todo es que tratan de colarnos esta patraña cuando aún quedan un montón de pasos por dar en el peliagudo tema de la igualdad y sus historias (pero de esto mejor hablamos otro día, si acaso…).

El otro día buceaba por Pinterest (cuidado con éste, que puede ser fantástico, pero también tiene ese puntito cruel de hacernos creer que todo a nuestro alrededor es perfección y armonía) y me topé con una frase que resumía bastante bien ese sentimiento de ser un desastre con patas, pero uno maravilloso, de esos que se merecen grandes dosis de amor y cariño, no sólo por parte de los demás, sino de uno mismo (en especial, de uno mismo). Y de ahí surgió esta lámina, cuya cita pertenece a la escritora Elizabeth Gilbert.

Y no hay nada más cierto. Estoy muy lejos de ser perfecta. No sé hacerlo todo bien, a veces la pereza me gana la batalla, procrastino con frecuencia y hay días en los que me frustro antes de tiempo. Pero también pongo mucha ilusión y ganas en las cosas que hago, me levanto cada vez que caigo, soy perseverante y quiero bien a quienes me quieren. Por todo eso y más me quiero (y me repito que debo quererme cuando se me olvida), porque no puedo vivir mi vida basándola en expectativas y comparaciones y porque igual que aceptamos los defectos de quienes nos rodean, debemos también aceptar los nuestros. Algunos podrán trabajarse y corregirse y otros simplemente formarán parte de lo que somos.

Así que hoy me permito lanzar este consejo (para vosotras y, sobre todo, para mí misma): Eres un desastre maravilloso, abrázate.

¡Que paséis un gran día!

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Fotogramas ilustrados

Dirty Dancing - I carried a watermelon

#PlayItLoud!

Aprovechando la temática televisiva que vengo tratando estos últimos días (empezando con Juego de Tronos y siguiendo con MasterChef), me he propuesto acabar la semana en la misma línea. Dado que ya hemos tocado una serie y un programa concurso, hoy toca película.

Empezaré contando que la otra noche me dio un episodio severo de insomnio, de esos en los que no te duermes de ninguna de las maneras posibles. Y como a mí eso de dar vueltas en la cama me agota mentalmente, aunque no me de sueño, trasladé el campamento al salón, rogando que alguno de los mil canales de los que disponemos emitiera algo medio-qué. A eso de las cuatro de la mañana os podéis imaginar el panorama: mucha teletienda, algún concurso de esos presentados por chicas resultonas y minutos músicales. Ningún duerme-neuronas efectivo. A mí suele funcionarme muy bien Cuéntame, y no es que no me interese la trama, pero debe ser que Carlitos la cuenta tan bien (valga la redundancia), que consigue conmigo el efecto nana infantil y tardo cero en quedarme frita, pero a esa hora en Clan ya estaban con los dibujos.

En el Paramount daban La Flaqueza del Bolchevique, que aún no había visto. Un rayo de esperanza. Pero tampoco. Muy buenas interpretaciones y muy mal cuerpo también… Después de acabarla, darle tres vueltas a todos los canales y conseguir dar una cabezada de una hora y media, mis ojos volvieron a abrirse como platos y entonces decidí que, ya que poco parecía tener un efecto directo en mis ganas de dormir, al menos disfrutaría viendo una de mis películas favoritas, de esas que consiguen parar el mundo para que éste se siente contigo en el sofá y te acompañe durante una hora y media larga en la que nada más sucede a tu alrededor.

Así que hoy el viernes ilustrado se lo lleva Dirty Dancing, que no hizo que el señor Morfeo se presentase a cumplir con sus obligaciones, pero me sentó de maravilla. Y es que es una de esas películas que puedo ver mil veces, y nunca serán suficientes. No es la única, no, la lista es bien larga, pero empezamos con ésta y ya vendrán otras a competir en el ranking. Yo os regalo el episodio ilustrado de Baby y la sandía y aprovecho para desearos un fin de semana estupendo.

Y vosotros, ¿tenéis una película favorita, de esa que casi podríais ver en bucle? Y ya que estamos, si me queréis contar algún remedio casero y efectivo contra el insomnio, pues me lo apunto para la próxima.

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