El premio gordo

#ElGordo#PlayItLoud!

El 22 de diciembre tiene una banda sonora concreta desde que tengo uso de razón. Es de esos días en que todas las cadenas emiten lo mismo y recorres la casa, de la habitación a la cocina, del salón a la terraza con ese soniquete metido en la cabeza, canturreando al son de los niños de San Ildefonso, «Miiiiiil euroooooos». Con una mezcla de nervios y redención peleando en el estómago, porque cuesta mucho creer que serás de los afortunados que baje a la calle a brindar con champán y al menos tienes la esperanza de que toque una pedrea y te puedas pegar una buena cena sin tener que apretarte más el cinturón. O la devolución, para que así compres un nuevo numerito para el sorteo de El Niño.

Al final puede que pase lo que casi cada año y tras comprobar los números veas que el tuyo no tiene premio y te alegres por los que sí lo han ganado, sobre todo cuando cae en zonas pobres, y te digas eso de que habrá que seguir jugando (aunque yo invierto poco en la lotería). De cualquier manera, el 22 de diciembre siempre me deja una sensación dulce y familiar, aunque no llueva ni un céntimo, es una mezcla de tradiciones y recuerdos, el pistoletazo de salida a la Navidad, las reuniones familiares, sean multitudinarias o pequeñitas, el intercambio de regalos, el menú de nochebuena y los buchitos de champán. Y puede que no me toquen los millones y no pueda comprarme la casa de tres habitaciones, paredes lisas y suelos hidraúlicos con la que sueño, pero aún así miraré a mi alrededor y entonces me daré cuenta, una vez más, de que, aunque no sea rica en euros, en amor del bueno me siento la persona más afortunada del mundo.

Mucha suerte a todos y feliz comienzo, ahora sí, de una Navidad genial. Oye, y si tocan los euros, pues muy bienvenidos sean, ¿verdad?

fin post-