Sueños

soñar en compañía#PlayItLoud!

Soñar o no soñar. He ahí la cuestión. Los sueños, y no me refiero a los que se tienen de noche, sino a esos anhelos que todos cultivamos en mayor o menor medida, ¿son algo positivo o no son más que una pérdida de tiempo? Ya que soy yo quien lanza la pregunta, no me queda otra que posicionarme. Desde mi punto de vista, soñar no sólo es positivo, sino necesario. Tampoco hablo de soñar con tener una casa en la Luna y viajar de vacaciones a Marte, que no es un mal sueño (aunque a mí, que me dan pánico los aviones, no sé qué tal me resultaría volar en cohete), siempre y cuando se asuma que es bastante improbable que podamos cumplirlo a día de hoy.

Hablo de ese deseo que nos quema por dentro, de ese giro que queremos darle a nuestra rutina, de ese proyecto personal con el que fantaseamos y que nos hace cosquillas en el estómago. Pueden ser mil y una cosas y puede ser posible. Los sueños no se cumplen si no se lucha por ellos y eso, por muy “buen-rollero” que pueda sonar a día de hoy, es una verdad como un templo. No es mi intención repetir una vez más esa archiconocida frase del gran Walt Disney (“Si puedes soñarlo, puedes hacerlo”), sino reivindicar que, para empezar, tenemos todo el derecho del mundo a soñar, a querer mejorar e incluso a querer cambiar. Que uno no ha venido a parar aquí para tener que conformarse, y que quedarse con “lo que te toca” no tiene porqué ser la única opción.

Y es que tener pájaros en la cabeza no tiene nada de malo, porque estos canturrean, vuelan y, si los enseñamos bien, pueden hasta volver con alimento para hacernos alcanzar nuestros sueños. Eso sí, hay que trabajar duro para ello, porque los sueños muy pocas veces te asaltan mientras piensas en las musarañas repantigado en el sofá de casa (a no ser que juegues a la lotería y te toque el premio gordo), estos requieren esfuerzo, dedicación y muchas ganas para poder cumplirlos y para seguir soñando, para no dejar nunca de hacerlo. Y esto es aplicable a las personas de quince, de treinta y hasta de ochenta.

Soñar o no soñar. He ahí la cuestión. ¿Qué me decís vosotros?

¡Que paséis un gran día!

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