Mi Álter Egoblogger

Álter egoblogger

#PlayItLoud!

No os voy a mentir. De la misma forma que ver el previo de cualquier gala de cine o música me hace fantasear con desfilar por una alfombra roja, también es cierto que en más de una ocasión me he montado películas mentales acerca de cómo sería eso de ser una Egoblogger.

Vamos, ¿quién no se ha topado alguna vez con las fotos de una de ellas luciendo un look espectacular y se ha imaginado a sí misma, allí y ahora, siendo protagonista la escena? Tan bien peinada y maquillada, con los complementos perfectos a juego, sin que falte un detalle. Culpable. Yo lo he hecho.

Claro, que luego regreso a la realidad y me digo: y a dónde ibas a ir tú así vestida, a ver. Si yo soy tan pava para los cambios de estilo, que hasta la modificación más insignificante de mi aspecto me hace sentir como un bicho raro. Por ejemplo, yo nunca he usado gafas de sol. Pues cuando empecé a hacerlo me daba una vergüenza terrible e iba por la calle pensando, me van a mirar, se van a reír de  (por ir con gafas de sol, sí). Absurdo, ¿verdad? Pues así con muchas más cosas. Y mira que he vivido seis años en Londres y estoy curada de espanto, que allí cualquier calle es una pasarela que muestra en exclusiva las próximas tendencias.

Pero es que, por más que admire las combinaciones locas y originales en las demás, a mí calzarme unos taconazos con una falda de tul me haría sentir más como la loca del barrio que como Carrie Bradshaw. Y después está el tema de las fotos. Yo no sé poner cara de foto. Si alguien sostiene una cámara delante de mí por más de una centésima de segundo, mi sonrisa se convierte en una mueca falsa y nada fotogénica. Aunque en realidad, si lo piensas bien, debe ser un buen ejercicio de autoestima (y una buena forma de asegurarte de que tus retoños y los retoños de tus retoños tendrán la certeza de lo guapísima que has sido siempre, aunque ahora no nos de la gana de reconocerlo y siempre nos veamos fatal) . Quizás no estaría mal protagonizar un documental a lo Samanta Villar. 21 días como Egoblogger. Eso sí, con un armario nuevo, que ya te digo que tirando del mío, poco jugo sacaríamos.

Desvaríos e historias a parte, por éstas y otras cuantas cosas, yo no valdría para egoblogger. Eso sí, un ole por ellas, por levantar pasiones y alguna que otra ampolla. Y por quererse y sentirse guapas, que es lo que todas deberíamos estar haciendo. Egobloggers del mundo, tenéis todo mi respeto y admiración (y a veces un poquitín de mi envidia, para qué negarlo – lo identificada que se puede llegar a sentir una leyendo esta entrada de Moderna de Pueblo). Yo, mientras tanto y para quitarme la pelusa, le he pedido a mi Álter EgoBlogger que sea la imagen del post de hoy. Aún no he conseguido colarle el tul, pero, ¡mirad lo bien que posa! ¡Y con gafas de sol! (Maxi jersey visto aquí).

Y vosotras, ¿qué tal se os da esto del estilo y las mezclas imposibles?

fin post-