Retratos de familia

retrato-familia-marco#PlayItLoud!

¡Buenos días! ¿Qué tal ha ido el fin de semana? Espero que genial y que haya servido, sobre todo, para apartar la pelusilla post-navideña que a muchos aún podía acompañarnos. Aunque el consumismo no pone el modo pausa de momento y por mucha cuesta de enero que estemos atravesando, las rebajas se nos cuelan en forma de anuncios, cartelería y calles plagaditas de gente con mil bolsas.

Yo agradezco ser cada vez menos ansiosa en este sentido, y es que las rebajas y aglomeraciones me dan una pereza terrible. Por eso prefiero dedicar mis esfuerzos a la vida tranquila (eso que ahora llaman slow-life) y poner mis energías en seguir creando cosas bonitas (de esas que provocan sonrisas más plenas que tener en mis manos un jersey rebajado al cincuenta por ciento).

Hoy os muestro uno de los últimos encargos que he tenido la suerte de realizar. Un regalo de Reyes para una madre y abuela muy, pero que muy especial, de parte de su familia, en el que buscábamos plasmar el cariño y la complicidad que existe entre ellos a través de una escena cotidiana de esas que vivimos casi cada semana.

retrato-familia

Cada vez me hace más feliz ser cómplice de estos regalos distintos, que contienen mucho más cariño y significado que muchas de las cosas inútiles que podamos encontrar en cualquier tienda, corriendo a lo loco en busca de esos regalos de última hora.

Es precioso poder colarte fugazmente en la vida de personas bonitas que buscan tu ayuda para poder expresar algo muy especial, por eso quiero agradecerle a Julia haber contado conmigo para darle vida a esta lámina y desearle un millón de cosas buenas para ella y su preciosa familia en este 2015.

Y a vosotros desearos un feliz comienzo de semana, que la afrontéis con fuerza y no os volváis muy locos con las rebajas. Y si queréis hacer regalos diferentes, no tenéis más que enviarme un email, que yo me pongo manos a la obra bien pronto.

¡Ah! Y recordaros que hoy, a eso de las 10.00, anunciamos al primer blog ganador del primer encuentro de Blogersando, no vale perdérselo.

¡Que paséis un gran día!

fin post-

Queridos Reyes Magos

Reyes Magos

#PlayItLoud!

Antes de todo, ¡Feliz Año Nuevo! Ya estoy de vuelta después de unas mini-vacaciones improvisadas, que no tenía demasiado planeadas, pero que necesitaba como agua de mayo. Necesitaba tiempo para mí, para mi familia, para escapar de las presiones, para remolonear en la cama hasta más de las diez, para dormir la siesta en el sofá y ver pelis tontas navideñas.

Con las Navidades llegando a su fin, aún nos queda quemar el último cartucho y escribir la carta a los Reyes Magos y, tal y como prometí en su momento, hoy vengo a compartir la mía. Como cuando era pequeña, empezaré la carta diciendo que este año he sido una niña muy buena, tanto que al 2015 no le pediré cosas materiales, porque no son éstas las que me regalan las mejores sonrisas, ni los momentos más valiosos. Por eso aquí os dejo mis cinco deseos para este nuevo año.

1) Familia y amigos. Quiero disfrutar más de ellos, seguir practicando mis escapadas al pueblo, los paseos con mi madre por la Calle de la Bola, por el zoco, nuestros kilómetros al estilo “señoras que salen a andar”. Quiero ver más a mis hermanos, aunque vivamos en ciudades distintas, visitarles y planear escapadas de fin de semana. Quiero quedar con mis amigos, planear meriendas creativas, salir de cañas y tapas un domingo soleado, acordarme más de coger el teléfono para hablar con aquellos que están lejos. Quiero vivir cada minuto con mi señor Wayne y seguir enamorándome cada día un poquito más de él.

2) Proyectos y sueños por cumplir. Este año 2015 quiero darle forma a algunos de los proyectos que a lo largo del año pasado se fueron gestando en mi cabeza y que espero puedan ver la luz antes de que nos veamos en éstas de nuevo dentro de doce meses. Como soy un poco supersticiosa, aún no os voy a desvelar de que tratan, pero prometo dar lo mejor de mí para poder compartirlo con vosotros muy pronto. Quiero conservar las ganas de seguir cumpliendo sueños, ya sean grandes o pequeños, dar los pasos necesarios para tratar de hacerlos realidad, no quedarme con las ganas.

3) Viajar. Quiero viajar, planear escapadas románticas, familiares y con amigos. Descubrir nuevos rincones, ya estén a veinte kilómetros de distancia o a tres mil. Re-visitar lugares para reencontrarme con amigos a los que hace tiempo que no veo, para conocer a nuevas incorporaciones a la plantilla de sus vidas. Y también quiero hacer muchas fotos por el camino, no sólo a los paisajes y pequeños detalles materiales, sino a mí misma. Después de cerrar este 2014 me he dado cuenta de que me he hecho muy pocas fotos este año y esto es algo que quiero cambiar.

4) Paz, calma y felicidad. Quiero tomarme las cosas con más calma, no adelantar mis pensamientos a los acontecimientos, no agobiarme por cosas que tienen solución si respiro dos veces y me pongo a ello. Quiero saber desconectar, apagar el ordenador todo un fin de semana, relajarme y pensar más en positivo, cultivar ratitos de felicidad y atesorarlos, para poder rescatarlos siempre que lo necesite.

5) Seguir aprendiendo. Quiero hacer cursos, proponerme retos y aprender cosas nuevas. Dibujar con acuarela, usar mi cámara de fotos en modo manual, aprender a editar imágenes en el ordenador, conocer un poquitín más el complejo mundo del SEO, desempolvar mi máquina de coser y ser capaz de fabricarme algún modelito para mi fondo de armario.

Y vosotros, ¿habéis escrito ya vuestra carta a los Reyes Magos? ¿Qué regalos o deseos les habéis pedido? Como ya os dije en su momento, será un placer que los compartamos, ya sea en forma de post o aquí abajo en los comentarios, que son todo vuestros.

Yo me despido hasta el lunes, cuando retomaré la actividad habitual del blog con la nueva entrada de Blogersando, “Propósitos para el 2015”, será un placer que participéis con nosotros y poder ver vuestras propuestas en este primer encuentro, os aseguro que lo vamos a pasar genial.

Que paseis un gran fin de semana.

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Navidad con sabor a mantequilla

galletas-mantequilla3#PlayItLoud!

Llegó la nochebuena y la Navidad deja de ser el eslogan de un anuncio para convertirse en algo real. Las familias, más o menos grandes, se reúnen, el menú adquiere un aire más sofisticado, aunque no esté la cosa para tirar de cochinillo al horno ni de caviar (que a mí, plin), pero sólo con poner el mantel navideño, como que ya adquiere otro aire. Son los buenos deseos y el querer ser más amables lo que enciende la chispa estas fechas, aunque el materialismo y los mil y un regalos que ansiamos comprar lo nublen y pretendan distorsionar su significado. Yo sigo soñando y pidiéndole al nuevo año esa razón para sonreír de la que os hablaba el año pasado. Y es que las cosas no han cambiado tanto en un año, por mucho que algunas personas detrás de un plasma nos cuenten eso de que lo malo del mundo ya es historia…

galletas-mantequilla

Pero mejor no hablemos de según que temas si no queremos despertar al Grinch que habita en mí. Hoy quería contaros que hace unos días hice galletas, quizás invadida por el espíritu festivo, y como quería que fuese algo fácil a la par que apetecible, me decidí por las de mantequilla (os dejo aquí el link a la receta que seguí, súper fácil y bien explicada, nivel no-soy-capaz-de-freír-un-huevo). Para hacerlas un poco más navideñas, usé unos moldes en forma de estrella que compré hace un par de semanas en Søstrene Grene, una nueva tienda que han abierto en Málaga (del mismo estilo que Tiger) y en la que puedes encontrar cositas muy económicas.

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No estaba muy convencida de cómo saldría la cosa, pero me quedé bastante sorprendida de lo fáciles de preparar que son y sobre todo del resultado, están riquísimas y no tienen nada que envidiarles a las típicas galletas de mantequilla danesas. Sólo necesitaréis cuatro ingredientes (mantequilla, azúcar, harina y esencia de vainilla) y en menos de los que os imagináis tendréis la casa oliendo tan bien que será difícil no querer comerse todas las galletas de un tirón.

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¿No os parecen perfectas para una merienda navideña? Acompañadas de un té o un chocolate caliente y en buena compañía, que se quiten los bombones dorados y sus opulencias. Además son muy económicas y con poquita cantidad de ingredientes te da para llenar una caja entera e invitar a merendar a toda la familia.

Y ahora sí, yo recojo los bártulos y me marcho unos días al pueblo, a disfrutar de la Nochebuena y la Navidad en casa, a dar paseos forrada hasta las cejas para combatir el frío rondeño y a reunirme con amigas invencibles en un encuentro del que os daré buena cuenta llegado el momento.

¡Felices Fiestas a todos! Y recordad, la Navidad es mágica gracias a los pequeños detalles, así que no se me vuelvan locos. Quieran mucho y rían aún más.

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Cádiz: Viaje a la infancia

La-Caleta-Cádiz#PlayItLoud!

Hoy, con el fin de evitar un posible empacho navideño, aparco la temática festiva para compartir con vosotros una visita relámpago a un lugar muy especial. Quienes me seguís por Instagram quizás os tropezarais la semana pasada con un par de fotos que subí desde Cádiz, donde pase poco más de un día con mi madre y uno de mis hermanos. Pese a lo corto del viaje, tuvimos la ocasión de pasear por algunos de los sitios más bonitos de la ciudad y es que con una gaditana de pura cepa como mi madre es imposible no acertar con la ruta perfecta.

Cádiz es el sitio donde pasé la mayoría de mis veranos cuando era una niña, aquellos días eternos en los que la felicidad consistía en asomarme al balcón para respirar el olor a mar y perderme en la inmensidad de aquel océano que se extendía justo delante de la casa de mi abuela. Ponerme el bañador y agarrar el flotador de temporada para cruzar la calle y llegar hasta la playa de La Caleta, a la que se accede a través de ese arco que nunca podré olvidar, aunque no volviese a ver una foto en cincuenta años.

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Cádiz es también el lugar donde nací, pese a haber crecido en Ronda. Mi madre decidió que quería que yo naciera allí donde ella creció y así, en pleno verano y en uno de los días más calurosos del año, llegué yo al mundo oliendo a sal, aunque después me hiciese mayor en plena sierra.

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Recuerdo aquellos veranos con mucho cariño. Las noches calurosas de balcones abiertos de par en par, en las que teníamos permiso para acostarnos más tarde y en la tele podíamos ver Antena3 y Telecinco, cuando aún la señal de las privadas no había llegado a Ronda. Los días sin reloj haciendo castillos en la orilla, bolas de arena o buscando cangrejos entre las rocas. Las marcas del bañador en la piel como un tatuaje. La arena blanca de la playa. El trofeo Carranza que mi hermano mayor y mi abuelo no se perdían.

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Algunas mañanas, el plan consistía en hacer ruta familiar hasta la Plaza de las Flores, desayunar churros y ver los puestos. Otras caminábamos hasta ella para comer pescaito frito. Y pese a la de años que podía llevar sin recorrer el camino, reconocí las calles, las tiendas y hasta nos acordamos de algunos de los vecinos que siempre paseaban por el barrio.

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Y si Cádiz es bonita de día, no lo es menos de noche. Aunque reconozco que recorrerla bajo la luz de la luna me resultó algo más novedoso, como si de alguna forma se tratase de otra ciudad. Es lo que tiene que la mayor parte de mis recuerdos infantiles en esta ciudad tuviesen lugar a pleno sol. Por eso agradecí mucho el tour que nos regaló mi madre, que bien podría ella haber hecho con los ojos cerrados, creedme.

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La noche me regalo instantáneas como esta,  calles estrechas y farolas antiguas que alumbran fachadas sencillas pero a la vez tan bonitas, con persianas de las que ya no se compran para las casas y macetas muy andaluzas en sus pequeños balcones. En la siguiente foto, la Catedral de Cádiz y a su izquierda el colegio en el que estudió mi madre.

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El Gran Teatro Falla, casa de los carnavales, templo de chirigotas, comparsas, cuartetos y coros, de los que cantan con todo el arte cuplés y pasodobles de letras pegadizas con las que sacan punta a la actualidad, sin miedo a no dejar títere con cabeza.

Y hasta aquí nuestro viaje, relámpago y fugaz, pero muy valioso para mi retina, mis recuerdos y el carrete de mi cámara del móvil. Gracias mamá por rescatar tan buenas memorias. Me quedo con muchas ganas de volver a por más.

Espero que lo hayáis disfrutado y no me despido sin desearos un feliz fin de semana.

¡Hasta el lunes!

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Ya huele a Navidad

bola de nieve#PlayItLoud!

La Navidad ya empieza a respirarse y hay que estar muy resfriado para no olerla. La tenemos en casa, si encendemos la tele y saltan a publicidad. La tenemos en la calle, al pasar por delante de casi cualquier escaparate que, ya vestido para la ocasión, te recuerda que es hora de que empieces a planear tus compras (no vaya a ser que te pille el toro). La tenemos en el supermercado nada más entrar, en forma de montañas de artículos varios, desde adornos navideños, hojaldrinas, mantecados y bolitas de coco, hasta unos “neceseres Navideños” que me he llegado a encontrar yo en el que tengo junto a casa (‘juraito’). La tenemos en las luces que ya cuelgan de las fachadas, aunque aún no luzcan encendidas.

También forma ya parte de la tradición el decir o escuchar aquello de “la Navidad cada año empieza antes”. Basta con ver los decimos del Gordo a la venta desde el verano, aunque a mí siempre me pille el toro y acabe a la desesperada buscando un numerito dos días antes. Las compras locas de cosas que puedan congelarse, que de aquí a un mes todo se vende a precio de riñón. El repartirse los festivos, Nochebuena en mi casa, Nochevieja en la tuya ¿o al revés?. El quebrarse la cabeza pensando regalos cuando ya no se sabe que más regalar (vayan a lo hecho a mano, amigos).

A mí me gusta mucho la Navidad, pero reconozco que a veces con las prisas y el estrés uno se olvida de su verdadero significado. Es muy fácil dejarse arrastrar por la marea consumista, que te lleva a cruzar la línea incluso en época de vacas flacas. Y debería ser justo al revés, la Navidad es para vivirla despacito, porque al final de lo que se trata es de disfrutar de quienes te quieren y tienes cerca, ya sean muchos o pocos (y aunque esa cercanía no siempre sea equivalente en número de kilómetros). Siendo consciente de que el mejor de los regalos no tiene precio en euros, sino en cariño y ratos compartidos, en sonrisas y palabras amables, porque a veces se nos olvida decirlas, porque la vida nos lleva a remolque y con la lengua fuera y porque toca echar el freno y bajarse un rato a saborear lo que se tiene y que tan poco se valora.

Ya huele a Navidad y yo tengo ganas de que haga frío, de subir a mi pueblo y salir a pasear hasta que la nariz se me quede roja como un pimiento, de escuchar villancicos de los de hace años mil, de poner la mesa con el mantel bueno para descubrir que tiene una mancha que el año pasado no estaba ahí, de sacar las copas de champán, de jugar a los amigos invisibles y ver películas chorras de esas que a veces te regalan las mejores de las siestas.

Muchas ganas de todo eso y más. Y a vosotros, ¿qué os sugiere la Navidad?

¡Feliz miércoles!

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Desconexión 2.0

No hay Internet#PlayItLoud!

Hoy me asomo por aquí algo tarde, lo sé. Y es que el fin de semana pasado, el señor Wayne y yo decidimos escaparnos un par de días a la sierra Granadina para reunirnos con algunos familiares y desconectar un poco de la rutina. Allá que me fui yo bien preparada, con mi ordenador y mis cacharritos varios para no fallar en la tarea de preparar y programar el post con el que acudir puntual a mi cita de los lunes.

Me olvidaba de un par de detalles. El primero es que por más que nos cueste creerlo, aún hay zonas a las que Internet no consigue llegar, así que después de varios intentos y un par de sofocos por la pérdida de red, al más puro estilo Enjuto Mojamuto, respiré hondo y decidí que la desconexión iba a extenderse también a mi vida 2.0. El segundo detalle era que dicha desconexión virtual se acabaría dando igualmente de manera espontánea, por el paisaje, la compañía y los ratos de reunión alrededor de una mesa, aislados de ese frío polar que hace a tantísimos metros por encima del nivel del mar, sin parar de hablar, reír, comer y beber, sin prestar atención al paso del tiempo, sin saber si eran las siete o las doce de la noche (aún así, reconozco haber salido a desafiar a los muchos grados de menos en un par de ocasiones, para ver si tenía algún email, whatsApp o notificación importante, agitando el móvil en dirección al cielo, que así se cree una que la red llega mejor).

El domingo a medio día, aprovechando que hacía sol y aún podía soportarse el frío, salimos a dar un buen paseo por la zona y quería compartir con vosotros algunas de las fotos que hice durante la ruta. Son un buen puñado, así que os invito a poneros cómodos y a disfrutar de un buen café/té mientras os perdéis conmigo por estos preciosos parajes.

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Sierra Granada 2Nubes y claros. Me vuelven loca los cielos con nubarrones esponjosos de esos que van del blanco más blanco al “gris chaparrón”.

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Sierra Granada 3Caminos infinitos donde tan sólo el sonido del viento, agitando las ramas de los árboles, y los pájaros rompen el silencio. Aire puro para los pulmones, que bastante sufren a diario.

Sierra Granada 4Uno de los puntos de la ruta era visitar estas casas-cuevas abandonadas. No sé si a alguno de vosotros os pasará, pero a mí me fascinan las casas en ruinas, mi cabeza se monta mil películas acerca de quiénes vivirían allí, como sería la vida entonces, que sentirían al recorrer cada una de las estancias del edificio.

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Sierra Granada 5Suelos hidráulicos bonitos que para mi casa los quisiera.

Sierra Granada 6Techo de una de las habitaciones y detalle del mismo en la siguiente foto.

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Espero que hayáis disfrutado del paseo y las vistas hayan compensado las horas de retraso al aparecer por aquí. A veces hay que dejarse ir y tomarse las cosas con calma, que con las prisas se nos escapan muchos detalles.

No me voy sin daros las gracias por la gran participación que está teniendo el sorteo del paraguas y sobre todo por los comentarios tan bonitos que me estáis dejando en los formularios. Gracias de corazón, porque vuestras palabras me dan un buen chute de ánimos para seguir pasando por aquí cada semana. Prometo seguir trabajando mucho para que nunca se os pasen las ganas de pasar de visita. Ya sabéis que las puertas están siempre abiertas.

¡Feliz lunes!

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Quien tiene dos hermanos, tiene dos tesoros

Hermanos#PlayItLoud!

Ya os conté, en el post de 50 cosas sobre mí, que tengo dos hermanos. Yo soy la mediana y la única chica (la niña de la casa). Mi hermano mayor me saca un par de años (si buceáis entre los posts del precioso blog fotográfico de mi cuñada Bea, Buscando la luz, podréis hasta ponerle cara) y yo le saco al pequeño algo más de cuatro años y medio, por lo que para mí siempre será mi hermano chico, aunque el enano me saque dos cabezas. Y es que tiene guasa la cosa, mientras yo ando ahí arañando el metro sesenta, que no llego a alcanzar, los dos señores llegan bien holgados al metro ochenta…

Lo cierto es que mis hermanos han sido bastante responsables de que mi infancia haya sido muy feliz. Como casi todos los hermanos nos hemos peleado mucho, cosas de niños, pero sobre todo hemos jugado un montón y, aunque ellos no se han animado nunca a participar en mis culebrones con las Barbies, yo nunca puse demasiadas pegas a lo de jugar a los ‘Click‘ de Playmobil (vale que eran unisex…) y hasta a los G.I. Joe (los yiyou de toda la vida), eso sí, a éstos últimos recuerdo yo que jugaba con una muñequita de cartón bien guapa y hacía que me disfrazaba del Comandante Cobra cuando tenía que luchar (mi hermano pequeño sólo tenía personajes masculinos, así que ese era el único muñeco que me permitía seguir haciendo el papel de chica).

Hemos pasado también rachas tontas, como ese tiempo en que mi hermano mayor y yo, que nos creíamos ya demasiado adultos, nos peleábamos porque ninguno de los dos quería llevarse al peque a la calle cuando mi madre nos lo pedía (pobre mío). O ya en la adolescencia, cuando llegaba a tener broncas de campeonato con el grande por cualquier tontería y hasta nos perseguíamos por la casa (a pesar de ello fuimos siempre de la misma pandilla mientras vivimos en la misma ciudad).

Cosas curiosas, pese a ser yo la única chica, he sido siempre la más protectora de los tres. Mis hermanos no me han dado nunca la lata con eso de los ligues ni los novios, ni a dónde vas ni a qué horas llegas, y sin embargo, yo he sido (y creo que sigo siendo…) un tanto pesada en este aspecto. Pero es de buena fe, todo se debe a que soy una ‘preocupona’ enfermiza y en seguida me inquieto (a veces demasiado).

Y ya somos adultos, cada uno vive en un sitio distinto y tiene una vida propia, no nos vemos tan frecuentemente como quisiera, pero aún así, puedo decir que mis hermanos son mis amigos y que si cualquiera de los tres necesita algo, los otros dos no tardarán más de un segundo en alargar el brazo. Y aunque pasen veinte años más, seguiremos recurriendo a las bromas de hermanos que no se entienden fuera de ese contexto, a las mil anécdotas que nunca se habrán recordado los suficiente. Y todas las cosas que aún nos quedan por compartir. ¡Os quiero torpedos! (nota mental: escribirles un whatsapp para pedirles que pasen hoy por el blog).

Mi ilustración del viernes va por ellos y así me despido hasta el lunes.

Pasad un fin de semana genial.

PD. Hoy me permito un #PlayItLoud! un tanto friki, la ocasión lo merece :)

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Verano de puertas abiertas

blog abierto por vacaciones
#PlayItLoud!

Es 4 de agosto (si aún no has descargado el nuevo calendario, no esperes más, ¡que el tiempo vuela!) y la blogesfera es un mar en calma. Sois muchos los que, al fin, disfrutáis de un merecidísimo descanso y muchos los blogs que cuelgan el cartel de “cerrado por vacaciones”. No negaré haber tonteado con la idea, pero incluso antes de comparar pros y contras, me he dado cuenta de que este año me apetece quedarme por aquí y pasar el verano con vosotros, ya saquéis el ratito para acompañarme en los descansos de la oficina o tumbados en la playa debajo de la sombrilla. Este blog practica el verano de puertas abiertas.

Os adelanto que será un mes de posts fresquitos y muchos dibujos que iré improvisando en mis ratitos libres, mientras en las cocinas Craft&Music se cuecen un montón de cosas ricas que espero empiecen a ver la luz con la vuelta al cole (incluida visita al taller de chapa y pintura, a ver qué tal se da…). Y hasta aquí me permitiréis que lea. Cada cosa a su tiempo.

algo se cuece

Yo, en mis vacaciones intermitentes, me he escapado unos días a mi pueblito bueno, a disfrutar de la familia, dar paseos, descansar y artistear en compañía, pero todo con la calma placentera que te aporta estar en uno de esos lugares donde el tiempo se detiene. Recuperando esa sensación maravillosa que experimentamos de niños, cuando los veranos eran eternos y no sabíamos lo que eran las prisas ni las responsabilidades, cuando la única orden que teníamos que acatar era la de estar sentados en la mesa a la hora de la comida.

Así que os invito a compartir conmigo estos ratitos de felicidad ilustrados. Cada lunes, miércoles y viernes como de costumbre. En el blog y en las redes (en caso de que aún no hayáis pasado por allí, tenéis los links arriba a la derecha, si me leéis desde el ordenador, o abajo del todo, si lo hacéis desde el móvil). Y como yo ya os he contado, así por encimilla, cómo se me presenta agosto, ahora os toca a vosotros. ¿Cuáles son vuestros planes? ¿Largas escapadas o minibreaks? ¿Arena y sol o trabajo y aire acondicionado? Toque lo que toque, ¿qué os parece si intentamos pasarlo lo mejor posible?

¡Empieza por darle al play y que suene la música!

Nos leemos el miércoles :)

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