Cuando se cuelan las musas

Audrey-Hepburn-Breakfast-at-Tiffany's#PlayItLoud!

Tenía pensado un post distinto para hoy. Con eso de que una anda planificando la Navidad y todas las cosas que ésta trae consigo: calendarios de adviento, portales de Belén, amigos invisibles y árbolitos alternativos (para éste último se me echó el tiempo encima el año pasado y nos quedamos sin uno, intentaremos que no vuelva a pasar…), había planeado crear un post cargado de inspiración. Pero después de acudir a Pinterest e introducir Adviento y Navidad en la barra de búsqueda, me di cuenta de que no sabía ni por donde empezar y que con tanta imagen bonita, el post podría convertirse en algo kilométrico.

Como siempre me ocurre cuando me da el agobio o el bloqueo creativo, trato de desconectar. Huir de la red para que ésta no pueda recordarme lo cerca que está la Navidad y la de cosas que me quedan aún por hacer antes de que llegue. De qué sirve martirizarse si las ideas en un momento concreto no quieren salir. Ya lo harán poco a poco y a su debido tiempo y entonces tendré tiempo de dedicarles algún post y daros un poco la lata con ellas.

Aún así, mis ánimos me pedían crear, pero sin presión ni imposiciones de agenda, por lo que mientras en la tele daban una peli de esas de ver un domingo bien tapadita con la manta, yo aproveché para darle al lápiz y dejar que las musas se colasen sin pasar lista. Y así nació mi Audrey Hepburn particular, para aumentar mi colección de láminas de personajes célebres, ataviada con su pamela y su elegancia natural e impecable frente al famoso skyline newyorkino, recién rescatada de uno de sus desayunos con diamantes. Ella sí que es una musa.

Y con ella os vengo hoy a desear buenos días y un feliz lunes. Si eres de los que tienden a maldecir al primer día de la semana, acéptame un consejo y cámbiale el humor, ya verás que no es tan difícil.

¡Os espero el miércoles!

PD. Recordad que aún podéis participar en el sorteo por el cumple-blog hasta el viernes…

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¡Feliz día del libro!

feliz día del libro#PlayItLoud!

Hoy es el día conmemorativo de uno de los objetos con más magia que jamás han podido crearse, antiguo como el solo e inmortal como las grandes obras de arte. El Día del Libro. Me encanta leer, lo considero un placer casi indescriptible. Recorrer las primeras páginas y sentirte absorbida, testigo de excepción de una historia que haces tuya a medida que vas conociendo a los personajes. Que éstos consigan hacerte reír con ellos y llorar por ellos (pero llorar en modo berrinche, hasta el punto de tener que cerrar el libro y procesar ese sentimiento). Creo que es mágico que alguien logre provocar este tipo de emociones a través de las palabras, como también lo es que podamos convertir a sus protagonistas en personas de carne y hueso y nos olvidemos de que existe el mundo, nuestro mundo, mientras hilamos nuevas vidas gracias a los libros.

La lectura siempre ha sido una de mis aficiones preferidas, ya desde bastante pequeña. Debo haberme leído (y releído) gran parte de la colección de historias de El Barco de Vapor. El Pirata Garrapata, Las aventuras de Vania el Forzudo, el grande y mítico Fray Perico y su Borrico, que tanto me hizo reír, y por supuesto Cucho, quizás uno de los primeros en llegarme al corazón, por cómo luchaba por escapar de la pobreza siendo tan niño y de rescatar con él a su abuela, que no veía bien y le cosía los botones del jersey torcidos.

Recuerdo una época en la que me dio por los libros que narraran historias en forma de diario y buscaba tramas que se asemejaran a los cambios que yo misma experimentaba en primera persona. En los comienzos de mi proceso de niña a mujer(cita), sólo quería leer historias felices sobre pre-adolescentes, que pasaran por ese momento en que crees enamorarte por primera vez y lo poco, poquísimo que tus padres saben entenderte. Por eso (error) me horripiló de primeras El diario de Anna Frank (pese a que su título me arrastró poderosamente a rogarle a mi madre que hiciera un nuevo pedido al Círculo de Lectores) cuando, tras tenerlo en mis manos y ojear la sinopsis, descubrí que aquello hablaba de la guerra (no, no, no). Años después, cuando enmendé mi error y le di vida a Anna para reír y llorar (mucho) con ella, me di cuenta de que, de hecho, su historia estaba plagadita de esos temas que a mí tanto me atraían.

He releído muchos de los libros que leí por obligación, para descubrir en ellos grandes historias, cuando por fin había llegado nuestro momento de encontrarnos (llamadme loca, pero yo soy de las que piensa que los libros y las personas tienen su momento idóneo para coincidir en la vida y que si éste no es el adecuado, nunca lo viviremos como se merece). Me he atiborrado a Best Sellers y a grandes clásicos por igual, sin prejuzgar antes de conocer la historia. Adoro los libros en papel, su olor, su tacto, pero tampoco niego que los electrónicos pueden ser muy cómodos y prácticos en según qué situaciones (pero que nunca desaparezcan los primeros, por favor). He cometido grandes errores al acabar con personajes excepcionales en mi cabeza por atreverme a ver películas que han convertido la historia en el peor de los desastres (alguien debería poner filtros bien estrictos aquí). Y aún queda sitio para mucho, muchísimo más.

De los últimos libros que han pasado por mi mesita de noche recomiendo cualquiera de Almudena Grandes (aunque a mí me marcó especialmente El corazón helado), por su forma de narrar, su maestría al construir a los personajes y sus descripciones que nunca se hacen pesadas. Y, sin duda, Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini (éste es de llorar a berrinche).

Y ahora vosotros, ¿estáis leyendo algún libro actualmente? ¿Tenéis alguno que os haya dejado huella y consideréis imprescindible leer?

Disfrutad del día y, si tenéis oportunidad, ¡regalaros un buen libro!

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