El Carnaval llega a Blogersando

Blogersando-febrero-mascaras-comparsas#PlayItLoud!

Hoy es un día especial por varios motivos. Y es que no sólo volvemos a reunirnos, por tercera vez ya, para celebrar un nuevo encuentro de Blogersando (el segundo con vosotros como protagonistas), sino que, además, coincide ni más ni menos que con mi entrada número 200, que se dice pronto (y eso que parece que fue ayer cuando celebramos la número 100…).

Para hacerlo aún más festivo, el tema de febrero es “Máscaras y Comparsas”, así que podemos decir que el Carnaval ha llegado a Blogersando y tenemos muchas, muchas ganas de celebrarlo con vosotros. Por lo que desde aquí cruzo los dedos para que seáis muchos quienes os unáis a la fiesta y podamos repetir (e incluso aumentar) la maravillosa acogida y participación que tuvimos el mes pasado con los propósitos para el 2015.

La cosa es que yo, cuando pienso en Carnaval, no puedo más que acordarme de Cádiz, tierra carnavalera por excelencia y lugar donde nací, como ya os he contado alguna vez. Yo nunca he sido una loca de estas fiestas, lo reconozco, aunque de pequeña me encantaba disfrazarme y salir a ver la cabalgata, coger caramelos y corretear con los amigos por la plazoleta, porque eso sí, un disfraz me vuelve loca.

Pero eso sí, donde se pongan los carnavales de Cádiz, que se quiten los de Río de Janeiro y hasta los de Canarias (con todo mi amor y respeto). Cádiz es alegría, arte (mucho arte) y fiesta, originalidad, imaginación y verdades como puños disfrazadas de cuplés, pasodobles y estribillos. Es saber sacarle punta a la más rabiosa actualidad, es saber hacer reír y emocionar al mismo tiempo, es encontrar el disfraz perfecto para resultar cómicos y al mismo tiempo darnos qué pensar.

Y todo esto pasa en la calle y en el teatro, porque cada año Cádiz celebra su Concurso oficial de agrupaciones en el Gran Teatro Falla (os dejo aquí enlace a Wikipedia por si algunos no sabéis de qué va la cosa), cuya fase de semifinales dará comienzo el próximo lunes 9 de febrero, por lo que si sois carnavaleros os recomiendo conectar con el evento.

De todo esto surge mi ilustración para la entrada de hoy, en forma de Arlequín de los que cantan en los Coros del concurso (que son el tipo de agrupación favorita de mi madre, aunque a mí me tiran más las comparsas).

Antes de despedirme os tengo que pedir encarecidamente que visitéis las entradas de mis compañeros de Blogersando (aquí), porque no pueden ser más maravillosas, así como las de todos los participantes de este mes, que yo misma tengo mucha curiosidad por descubrir. Recordad que la fiesta de ideas estará abierta hasta las 23.00 horas para todos los que queráis participar en nuestro encuentro.

¡Y ahora sí, que comience el Carnaval!

P.D. Mi #PlayItLoud de hoy va para mi comparsa favorita de todos los tiempos, Los Piratas, de Martínez Ares, que ganó el concurso en la modalidad de comparsas allá por el año 1998 (casi ná). Recomendadísimo.

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Cádiz: Viaje a la infancia

La-Caleta-Cádiz#PlayItLoud!

Hoy, con el fin de evitar un posible empacho navideño, aparco la temática festiva para compartir con vosotros una visita relámpago a un lugar muy especial. Quienes me seguís por Instagram quizás os tropezarais la semana pasada con un par de fotos que subí desde Cádiz, donde pase poco más de un día con mi madre y uno de mis hermanos. Pese a lo corto del viaje, tuvimos la ocasión de pasear por algunos de los sitios más bonitos de la ciudad y es que con una gaditana de pura cepa como mi madre es imposible no acertar con la ruta perfecta.

Cádiz es el sitio donde pasé la mayoría de mis veranos cuando era una niña, aquellos días eternos en los que la felicidad consistía en asomarme al balcón para respirar el olor a mar y perderme en la inmensidad de aquel océano que se extendía justo delante de la casa de mi abuela. Ponerme el bañador y agarrar el flotador de temporada para cruzar la calle y llegar hasta la playa de La Caleta, a la que se accede a través de ese arco que nunca podré olvidar, aunque no volviese a ver una foto en cincuenta años.

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Cádiz es también el lugar donde nací, pese a haber crecido en Ronda. Mi madre decidió que quería que yo naciera allí donde ella creció y así, en pleno verano y en uno de los días más calurosos del año, llegué yo al mundo oliendo a sal, aunque después me hiciese mayor en plena sierra.

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Recuerdo aquellos veranos con mucho cariño. Las noches calurosas de balcones abiertos de par en par, en las que teníamos permiso para acostarnos más tarde y en la tele podíamos ver Antena3 y Telecinco, cuando aún la señal de las privadas no había llegado a Ronda. Los días sin reloj haciendo castillos en la orilla, bolas de arena o buscando cangrejos entre las rocas. Las marcas del bañador en la piel como un tatuaje. La arena blanca de la playa. El trofeo Carranza que mi hermano mayor y mi abuelo no se perdían.

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Algunas mañanas, el plan consistía en hacer ruta familiar hasta la Plaza de las Flores, desayunar churros y ver los puestos. Otras caminábamos hasta ella para comer pescaito frito. Y pese a la de años que podía llevar sin recorrer el camino, reconocí las calles, las tiendas y hasta nos acordamos de algunos de los vecinos que siempre paseaban por el barrio.

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Y si Cádiz es bonita de día, no lo es menos de noche. Aunque reconozco que recorrerla bajo la luz de la luna me resultó algo más novedoso, como si de alguna forma se tratase de otra ciudad. Es lo que tiene que la mayor parte de mis recuerdos infantiles en esta ciudad tuviesen lugar a pleno sol. Por eso agradecí mucho el tour que nos regaló mi madre, que bien podría ella haber hecho con los ojos cerrados, creedme.

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La noche me regalo instantáneas como esta,  calles estrechas y farolas antiguas que alumbran fachadas sencillas pero a la vez tan bonitas, con persianas de las que ya no se compran para las casas y macetas muy andaluzas en sus pequeños balcones. En la siguiente foto, la Catedral de Cádiz y a su izquierda el colegio en el que estudió mi madre.

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El Gran Teatro Falla, casa de los carnavales, templo de chirigotas, comparsas, cuartetos y coros, de los que cantan con todo el arte cuplés y pasodobles de letras pegadizas con las que sacan punta a la actualidad, sin miedo a no dejar títere con cabeza.

Y hasta aquí nuestro viaje, relámpago y fugaz, pero muy valioso para mi retina, mis recuerdos y el carrete de mi cámara del móvil. Gracias mamá por rescatar tan buenas memorias. Me quedo con muchas ganas de volver a por más.

Espero que lo hayáis disfrutado y no me despido sin desearos un feliz fin de semana.

¡Hasta el lunes!

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